Trujillo‎ > ‎Ciudad y Monumentos‎ > ‎

Ruta de balcones de esquina


RUTA DE LOS BALCONES DE ESQUINA


En Trujillo se observa una mezcla de formas arquitectonicas, impuestas por la geografía y la geología, que va fabricándose lentamente desde el Medievo por las gentes venidas del  Norte para la reconquista, con sus métodos constructivos severos y duros, destacando los ventanales de las torres de casas fuertes; a los que se unen luego los del Sur, que no conciben  sus edificios más que unidos en una superficie de blancura deslumbradora o en sillerías con una portada decorativa con líneas y sinuosos trazos, y el mayor alarde ornamental-arquitectónico se luce en los típicos balcones de esquina para satisfacer las exigencias de la vida de sus moradores. Así nace una de las condiciones fundamentales que engendran el carácter de Trujillo y que en sus balconadas esquinadas son los más originales de Extremadura y germen de los modelos constructivos allende de los mares. Constituyendo una manera local de gran afición a los balcones, excesivamente desarrollada durante el renacimiento y cuyos mejores ejemplos los encontramos en torno a la Plaza Mayor desde el más modesto y viejo de los Quiroga, simple y escueto, encuadrado en un alfiz  gótico, hasta el riquísimo y monumental de Hernando Pizarro, que entre columnas, ménsulas, balcón y escudote llena todo el ángulo del edificio; pasando por todos los intermedios de Bejarano, San Carlos, Calderón, Sanabria y  tantos más, finos y toscos, elegantes o pesados, alegres y secos; que de todo hay y para todos los gustos.



En la Plaza se alza majestuoso el palacio de los marqueses de la Conquista, ordenado construir por Hernando Pizarro y su esposa Francisca Pizarro Yupanqui, hermano e hija de Francisco Pizarro, conquistador del Perú. Siendo la casa de sus nietos y sucesores. Este magnífico palacio no recibió el nombre de "La Conquista", como se le conoce, hasta el año 1622, momento en que fue reclamado el título de Marqués de la Conquista, concedido a Francisco Pizarro por Carlos I, por su biznieto a cambio de renunciar a los bienes del Perú. Hasta entonces, en los Libros de Acuerdos se le conocía como "la Casa del Escudo", el cual campea bajo las ménsulas de la cornisa. Escudo acrecentado que Carlos I por Real Cédula de 22 de diciembre de 1537 concedió a Francisco Pizarro. Este blasón está minuciosamente tallado en la fachada granítica del Palacio. Debajo hay un magnífico balcón esquinado en donde se centra la exuberante decoración del palacio. El hueco del vano se abre en un recerco cuadrado, enmarcado con filas de recuadros o casetoncillos tan característicos del arte trujillano. En los intercolumnios, a ambos lados del balcón, están los bustos de Francisco Pizarro e Inés Yupanqui, y los de Hernando Pizarro y Francisca Pizarro. Estamos ante uno de los primeros monumentos erigidos para conmemorar la fusión de dos razas, la mezcla de la sangre española con la incaica, y el enlace de la princesa mestiza con el primogénito de uno de los más ilustres linajes trujillanos: los Pizarro.



Formando ángulo con este palacio, resalta en el extremo de la Plaza el bello balcón de esquina del palacio de los Duques de San Carlos, decorado con angelotes y con el escudo de la familia Carvajal-Vargas, sustentado por un águila bicéfala, privilegio que les concedió Carlos V, porque un miembro de dicha familia intervino eficazmente en su nombramiento como Emperador.

Circundan el Parador de Turismo diferentes calles de una gran belleza que rezuman historia.  La luz juega, entre sombras y claros, en perfecta armonía de irregular configuración  geométrica. En esta zona urbana existen varias viviendas de sillería con puertas, ventanas, escudos y otros elementos decorativos góticos y renacentistas. Entre todas ellas destaca el palacio de Quiroga, del que es preciso destacar su balcón de esquina no por su riqueza artística sino por constituir dadas las fechas en que se construye el edificio el primer ejemplo de este tipo de balcones en Trujillo. Se trata de una sencilla ventana enmarcada por el arrabá bajo cuyo antepecho se aloja el escudo de los Cárdenas. El inmueble ha sufrido recientemente una intensa reconstrucción.



Frente al convento de San Miguel, nos encontramos con el balcón esquinado del Palacio de Sofraga, obra del siglo XVII, casa natal de Cervantes de Gaete, Inquisidor en Sevilla, Arzobispo de Mesina en Sicilia y en Tarragona, y miembro activo del Concilio de Trento. Es uno de los balcones de mayor mérito arquitectónico de Trujillo, de fina y bella traza, de líneas clasicistas, se alza sobre una cornisa apoyada en ménsulas barrocas, flanqueado por columnas pareadas corintias sobre pedestales y rematadas por pináculos con bolas herrerianas como acróteras, entre las que se explaya el escudo de la familia.

En la calle San Miguel se halla la casa de los Sanabria Berajano.  Data del siglo XVI y ostenta una fachada de mampostería con sillares en la portada. Sobre la puerta, de arco de medio punto,  se dispone el escudo de los Sanabria y sobre la ventana de arco conopial situada en el eje de la misma puerta, el escudo con las armas de Castilla, Toledo, Sanabria y Berajano en águila real explayada. Hemos de destacar su artístico balcón en ángulo enmarcado por dos pares de columnas corintias y fuste estriado, sobre cuyo entablamento se disponen dos pináculos piramidales rematados con bolas. Remata el conjunto el escudo de la familia que aparece orlado por una rica hojarasca. 



Continuando nuestro recorrido por la calle de la Guía y rebasando la plazuela y calle de San Francisco, nos encontramos ante el palacio Pizarro de Aragón, constituye una obra del siglo XVII que ha experimentado notables reformas al servir de teatro y casino durante los dos últimos siglos. Su fachada a la plazuela de Aragón es de una gran sobriedad, destacando el escudo y la orla que aparece sobre el balcón situado en el eje de la puerta, continuando la tradición arquitectónica trujillana de los balcones esquinados. En la fachada al paseo dispone de una logia adintelada sobre zapatas. Próximo a este palacio se encuentra el actual edificio consistorial, resultado de la adaptación de la antigua Casa de Comedias a edificio concejil en el siglo pasado. Tanto una como otra se levantan sobre el solar y muros de la Alhóndiga del siglo XVI, resto de la cual es el paramento de la planta baja y las estancias con bóveda de cañón de la misma. La Alhóndiga o Casa de Comedias. Con anterioridad a su conversión en casa consistorial en el siglo XIX, la alhóndiga trujillana constituía una construcción de planta rectangular, dos pisos y un patio de idéntico trazado en el centro. 

Podemos ascender hacia la Plaza, por la calle típica de Romanos y de los Parra, no sin antes encontramos aquí con el solar del palacio del Obispo, sede del Vicario foráneo, aún con vestigios góticos y torreón almenado.




Foto Chuty.net