Trujillo‎ > ‎Ciudad y Monumentos‎ > ‎

17 Palacio de los Carvajal -Vargas


PALACIO DE LOS CARVAJAL VARGAS (Duques de San Carlos) 

       Fundadas por don Diego de Vargas Carvajal, Señor del Puerto de Santa Cruz, a mediados del siglo XVI, estas casas principales fueron morada y residencia de los Correos Mayores de India, prebenda que ostentó este linaje desde 1514 hasta 1768. 
       Erigido apenas unos años antes que su igual del marqués de La Conquista, el palacio de los Carvajal Vargas es la más monumental de las residencias civiles extremeñas del Renacimiento. A este estilo corresponden sus fachadas, su extraordinario balcón de esquina, y sus célebres chimeneas, extraídas de los tratados de arquitectura de C. Caesarino y S. Serlio. El patio interior y su famosa escalera adulcida en cercha son obra del cantero Andrés de Viera (hacia 1650), que trazó el jerónimo guadalupano Fray Gabriel de Toledo, tomando referencias de los tratados de J. Vignola y A. de Vandelvira. 

 
San Carlos

PALACE OF CARVAJAL VARGAS (Dukes of San Carlos) 

       The palace was built in the middle of the 16th century for Diego de Vargas Carvajal, Lord of Puerto de Santa Cruz. Constructed just a few years before the Palace of the Marquis de la Conquista with which it shares many similarities, it is the grandest example of Extremaduran renaissance civil architecture. This can be seen from features such as the extraordinary corner balcony, the unusual chimneys and the detail on the facades. It is also famous for its internal patio and the ornate flying stone staircase, completed in about 1650. 

Palais der Familie Carvajal Vargas (Grafen von San Carlos)

    Dieser Palais wurde Mitte des 16. Jahrhunderts für Diego de Vargas Carvajal, den Herrn des Hafens Santa Cruz, erbaut. Er entstand nur wenige Jahre vor dem Palais der Conquista und weist somit viele Ähnlichkeiten mit diesem auf. Die Residenz der Familie Carvajal Vargas ist ein herausragendes Beispiel für die zivile Renaissancearchitektur der Extremadura: Der außergewöhnliche Eckbalkon, die berühmten Schornsteine und die Details der Fassade. Ebenso berühmt ist der Palais für seinen Innenhof und die kunstvolle steinerne Schwebetreppe, die um 1650 von dem Steinmetz Andrés de Viera vollendet wurde.


Francisco Sanz Fernández 
Doctor en Historia del Arte 
Copyright ©





PALACIO  DE LOS DUQUES DE SAN CARLOS

            Junto a la magnificencia del edificio, la invitación a la visita que campea en su puerta, hace casi imposible el evitar al contemplación.

            El balcón de esquina, la portada del más riguroso estilo plateresco: columnas jónicas que soportan el frontón triangular partido. Medallones con esculturas que asoman su cara al tiempo, angelotes y escudos plagados de honores y oropeles.

            De magníficas proporciones, que vienen a repetirse en el balcón esquinado, símbolo de la arquitectura extremeña de la Edad de Oro y que nace como desarrollo de la ventana de esquina, que da vista a dos calles, siendo en este caso perfecta la fusión del balcón con la fachada, tal y como ocurre en el Palacio de la Conquista y que en estos dos casos se puede interpretar no como ventana de uso, sino como alarde de riqueza y conocimientos arquitectónicos.

            De entre todos los adornos del balcón de esquina y de la fachada, destaca la representación del águila bicéfala, que sostiene el escudo partido de bandas y de fajas ondulantes de las familias Vargas y Carvajal respectivamente, y que después veremos también en el interior del edificio.

            En la fachada lateral, hacia la calle Domingo Ramos, aparece una elegante arquería en la planta, soportada por tirantes de hierro y sobre ella, otra galería abierta, de arcos más pequeños, que duplican la cantidad de los de abajo. La “loggia”, dividida en cinco vanos adintelados por pilares prismáticos, del más claro estilo renacentista, carga un entablamento sencillo, al que se echan en falta adornos semejantes a los que aparecen en los vanos de esquina y de la portada.

            El cuarto nivel de esta fachada se compone, al igual que la anterior de la puerta principal, de una galería de vanos rectangulares, justificados en uso por las celdas del convento actual, y adornadas sobriamente por una gran cornisa que enmarca los huecos.

            Una vez rebasada la puerta y el inmenso zaguán que nos recibe; ante el patio no claustral, pero de austero clasicismo, dispone de dos pisos, estando el primero formado por arquerías de  medio punto en cuyos cruces se alternan los escudos de los Vargas y Carvajal. El segundo piso se abre también a través de galerías de arcos de medio punto y, como en la balconada exterior, se duplican el número de arcos de la primera planta.

            Al hilo de las explicaciones de las religiosas, cuyo único contacto con el exterior son los visitantes, conviene iniciar el relato de la historia del edificio.

            Es necesario hacer notar la similitud de esta fábrica con el Palacio de los Condes de Osorno de Pasarón de la Vera.

Ambos edificios son construidos durante la primera mitad del siglo XVI .Ambos probablemente por artistas italianos, ya que el de Pasarón lo mando edificar Garcí Fernández Manrique  de Lara , que estuvo en Italia en 1529 para asistir a la coronación  en Bolonia del emperador Carlos el 24 de febrero de 1530 .Con este motivo tendría  ocasión para admirar las magnificas obras del renacimiento italiano, sirviéndole de modelos para su palacio verato.

Si pensamos por otra parte , que en palacio de los duques de San Carlos fue ordenado edificar por el hijo del Doctor Galindez de Carvajal, albacea testamentario del rey Fernando el Católico , al que hace revocar el testamento que este tenia otorgado a favor del Sr. Infante D. Fernando, por cuyo motivo vino a reinar a España D. Carlos como Carlos I de España y V de Alemania , es fácil creer que estos artistas italianos , traídos a la región traídos por los caballeros del Emperador , hubieron de llegar a Trujillo y ahí trazar también obras de arquitectura , con los estilos que predominan en su país de origen. Son trazas las similitudes que es imposible desdeñar esta idea: los sótanos amplios e impresionantes bóvedas de cañón ,aptos para almacenaje de granos, para estabulación de animales e incluso como distribución por pasillos de los accesos a las partes altas del edificio, colocando en ellos los arranques de las escaleras de caracol; las loggias en fachadas, con la terminación en prismas ; los medallones de cabezas muy en relieve; cuerpos centrales de fachadas en sillería bien labrada y laterales de mampostería... un largo etcétera que hace que el arquitecto del edificio que contemplamos era italiano.

Quizás ahí pudiera también estar la clave de porqué se firma la escalera del palacio de San Carlos. No aparece claro el nombre del autor   y cada uno de los que sobre el palacio han escrito , da su versión : Mena , Mera , Vega ,Vera... Ya D. Antonio Ponz en su viaje por España de 1756 dice: En una piedra de la escalera esta el nombre del arquitecto: no se conoce bien si dice Vera o Mera me fecit 1651. El  Mera al que se hace referencia sistemáticamente es pintor de Villanueva de la Serena , no arquitecto y cabría más por inclinarse por el nombre de Viera , artista del que no hemos hallado documentación alguna en las fuentes consultadas.

La escalera autoportante es una obra que impresiona por lo suntuoso y sencillo a la vez de su apariencia. Los peldaños están al aire , no empotrados en el muro, como se puede observar. Tiene 39 peldaños de 2,70 metros de ancho cada uno. El ultimo tramo desemboca en la galería corrida que corona el patio y es zona de clausura y la parte reformada del edificio en la restauración llevada a cabo en los años 1960 a 1965 para habitar el palacio como Convento.

La luz tamizada que entra por el acceso a la galería superior junta con la de la ventana que se abre en el segundo tramo, dan aspecto de grandeza a la dorada estancia por el color de la piedra de sus muros ahora desnudos de su original revestimiento de cal, y en estas paredes aparece colgada una magnifica talla de Cristo crucificado en agonía, que se  puede encuadernar dentro de la escuela vallisoletana fundada por Juan de Juni.

 

            Frente a la dulzura italiana, el arte castellano se destaca po9r sus actitudes dramáticas con un gran dominio de la expresión. Esta talla de madera, supone una peculiaridad iconográfica: representa a Cristo vivo, agitado y con la cabeza hacia lo alto. No aparece con retorcimientos extremados ni violentos. El dramatismo del momento es más bien interior y se concentra, sobre todo, en el rostro. El cuerpo muestra un modelado correcto, fiel a la anatomía, pero suave y repisado. La agitación  se concentra en el pecho y el torso se presenta con leve curvatura. La policromía está muy cuidada, dando a la carne en color claro, de ausencia de sangre en circulación. De todo el conjunto sobrecoge la cabeza: alzada, de boca abierta y de mirada casi angustiosa en un momento, como hemos reiterado, realmente de agonía. Se puede fechar hacia1570 y fue aportado por la Orden Jerónima al trasladarse a este edificio. Se conserva en muy buen estado, a pesar de los traslados sufridos y los diferentes emplazamientos, que provocaron incluso el recorte de la cruz que lo soporta.

            En la bóveda de la escalera aparece pintada al fresco el águila bicéfala que nos encontramos en la portada y en el balcón de esquina del exterior, y sobre su pecho, de nuevo las armas de las Vargas-Carvajal, familias, como hemos visto, promotoras del edificio.

            Los Vargas Carvajal, pertenecientes al linaje de los Bejaranos, fueron los tales procedentes de Portugal y se asentaron en Trujillo en el siglo XIII. Con el paso de los años forman parte de dicho linaje los apellidos Vargas y Carvajal, que se llegan a unir con el matrimonio habido entre doña Beatriz de Vargas don Diego de Carvajal, biznieto este del doctor Galíndez de Carvajal, ya referido, matrimonio que se celebra en el siglo XVII.

            En el siglo XVIII, el 11 de junio de 1741 se casan en Lima (Perú) doña Joaquina Nimpha con don Fermín Francisco de Vargas Carvajal y Chaves y Sotomayor, que será el primer Duque de San Carlos y Conde del Puerto. Aún cuando las obras del palacio ya estaban muy avanzadas, comenzará a denominarse Palacio de los Duques de San Carlos entonces, apareciendo en algunas referencias como “Casa del Conde del Puerto” ya que a él vienen a vivir y heredan el uso del blasón del águila bicéfala, concedida por el Rey Carlos V a perpetuidad para el Doctor don Lorenzo Galíndez de Carvajal “por los grandes méritos contraídos durante su vida”, en Aquisgrán el 25 de octubre de 1520.

 

            En los padrones de urbana aparece inscrito como el nombre de Palacio de San Carlos y como La Casa de la Cadena, por haber sido el lugar donde se hospedó el Rey al pasar por Trujillo, ya que en él pernoctó Carlos V el 1 de marzo de 1526 cuando pasó hacia Sevilla para casarse con doña Isabel de Portugal y luego estaría en él Felipe V, desde el 6 al 10 de julio de 1704.

            Desde el patio se pueden observar siete chimeneas, ahora cegadas, que se prestan a sucesivas interpretaciones. Unos dicen que son reflejo de los templos incas, aztecas o mayas trasladados desde América hasta aquí en forma de trofeos y recuerdos de la Conquista; otros hablan de construcciones de regusto hispanoárabe, incluso mozárabe y aparece lo más exacto el hablar de chimeneas de orden renacentista e italianizante, similares, de nuevo a las existentes sobre la techumbre del Palacio de los Condes de Osorno de Pasarón de la Vera.

            En el patio hay también adosada al muro una piedra tallada y otra suelta que son restos de un arco de la época gótica tardía, al tener el dibujo del lazo mudéjar del siglo XV, que aparecieron en la huerta del convento, donde deben permanecer los restos de las originales edificaciones del palacio de los Vargas-Carvajal.

            En el lateral derecho del patio aparece adosada la capilla, de factura actual y que fue habilitada como tal en las obras de restauración del quinquenio 1960-1965. Consiguientemente los trabajos de cantería son actuales y manifiestan claramente la gran tradición de maestros canteros de la ciudad, que aún hoy se conserva. Tiene la capilla dos coros: el alto y el bajo. La reja del bajo aparece coronada por tres tallas de un calvario atribuido a Juan de Juni y que provino del convento de La Villa. Hay también dos lienzos, uno representa a San Jerónimo, con el león a sus pies y los atributos cardenalicios a la izquierda. Es de la misma factura que el que se conserva en la Iglesia de San Martín, atribuido a Antonio Pereda. El otro lienzo representa una Inmaculada Concepción, de muy bonito colorido y composición y se puede fechar en el siglo XVIII, pertenecientes probablemente a la escuela sevillana, con fuertes influencias de Murillo. También fue bajada del convento de la Villa.

            En la misma capilla hay una Virgen de Guadalupe. Una tallada moderna realizada en Madrid en 1925 en los talleres de Francisco Font y que vino a sustituir a la que actualmente se encuentra en el interior del coro bajo, en una hornacina, y que provino también del convento de arriba. Es esta última una hermosa talla de vestir. Sólo tiene manos, pies y cara, con un Niño Jesús no sujeto al manto, sino al aire, de delicadas facciones también, pero que dicen las monjas fue sustituido al desaparecer el original de los brazos de la Virgen en la invasión francesa. Se trata de un talla del siglo XVII, dedicada al culto fundamentalmente porque tiene en este convento una especial importancia la estancia de la Virgen de Guadalupe, ya que en los primeros años del siglo XX se añaden a los trabajos del Monasterio de la Villa, la creación de la archicofradía de Nuestra Señora de Guadalupe, que instituyó su sede en la Iglesia de la Jerónimas, con lo que el culto a la Patrona de Extremadura se centraliza en Trujillo desde los pueblos más próximos, dado el difícil acceso de culto, al ser de piel oscura, como la de la Puebla. La moderna, de una pieza, es la que ahora se venera.

            Una talla de la virgen en piedra aparece también en el Convento, en el hueco de la gran escalera, con enclave nuevo, ya que proviene de la hornacina de la puerta de la iglesia del convento de la Villa. Es una obra tosca, de cantero, de la que Acedo, en la guía de Trujillo, publicada en 1913 dice con gracia: “Sobre  la puerta de entrada a la Iglesia, hay una virgen de fino granito y esmeralda labra, que debió ocupar antes sitio más holgado que la hornacina donde la pusieron”.

            Realmente debió ser tallada para esa hornacina en concreto y es muy similar en factura y tamaño a la que aún hoy aparece en la iglesia de Jesús, y que hoy está destinada a carbonería.

            Bajo la escalera del Palacio de San Carlos, están las Campanas del convento de la villa, fechadas la mayor en 1860 y tiene 90 centímetros de alto, y la pequeña, de 70 centímetros, fechada en 1694, y que no han vuelto a sonar desde 1965, al no tener el palacio espadaña que las soporte.

            El edificio que hemos recorrido, no siempre ha tenido uso dedicado a la residencia regia o palaciega. De nuevo don Antonio Ponz nos dice ... "La casa del conde del puerto, que al presente es cuartel de milicias" , en el año 1756 , y que con anterioridad había sufrido los embates de los terremotos y de la acometida francesa que provoco un fuego que destruyo prácticamente la ultima planta y las cubiertas. Se cegaron los vanos de la galería exterior en todas sus plantas y durante una época estuvo abandonado.

            En 1872, el 16 de diciembre, el ayuntamiento de Trujillo , por boca del señor teniente de alcalde Don Julián García se propone que: " el ayuntamiento debía ver si era posible derribar la parte del huerto de la casa del duque de San Carlos para dar ensanche a la calle García y que desde la Plaza Mayor saliera recta y evitar un obstáculo que hace la rinconada, para que de este modo se diera mucha vista al ornato publico de esta ciudad ".

            El solar que entonces ocupaba el palacio y la huerta no es el que hoy vemos. Sucesivos acuerdos municipales expropian la superficie que hace cuña y cierra la calle García hacia el ábside de San Martín, apareciendo incluso  en el plano de Coello de 1860 un perfil que unía dichas edificaciones adosadas al palacio en la huerta con las casas de la calle García. Esta unión pudiera haber sido el arco que diera cierre a la capilla exterior que aun hoy aparece dibujada en el ábside mencionado de San Martín y presidida por una hermosa talla de una Virgen, denominada popularmente  del reposo .

Se produce la expropiación de dicho trozo del solar en el expediente de subasta para derribo y construcción de la pared de la huerta del Duque de San Carlos y cegar el chabarcón que existe en la misma . Se determina el derribo y reconstrucción del muro de la huerta y en las condiciones del expediente, se exigía la adecuación e imitación de la nueva fabrica a la antigua, así como la reconstrucción de la portada que existía en el muro que había que demoler. Por estas razones se prevenía a los posibles rematantes de la subasta para las obras lo siguiente.  “Si los mismos inutilizanse alguna piedra de sillería de las portadas o escudos que hoy existen en la fabrica vieja, será descontado de su valor a los mismos contratistas”

En 1874 se concluye estas obras de ensanche y se consigue con ello el arranque de la calle García que hoy vemos desde la Plaza Mayor, en línea recta hasta la bifurcación con la actual Avenida de la Coronación. Cuando se cometieron estas obras en el Palacio era aún cuartel de milicias , posteriormente el patio se utilizó como lugar de representación de comedias y celebración de bailes de carnaval, después de hizo cargo del Palacio el Ayuntamiento y allí fijó su residencia el recaudador municipal, siendo entonces Oficina de tributos. En el año 1913 ocupa la residencia el Administrador de los Duques de San Carlos, y permanecía abierto en todas sus dependencias hasta que en el año 1960, a instancias de la Madre Cristiana de Arteaga, entonces Presidente de la Federación de Religiosas Jerónimas de España y heredera del Duquesado  del Infantado, decide iniciar en él la restauración y cede su uso a las religiosas de la orden Jerónima de España y heredera el Duquesado del Infantado, decide iniciar en él la restauración y cede su uso a las religiosas de la Orden de Jerónima en Trujillo, sin perder la propiedad del mismo de los Duques de San Carlos y Marqueses de Santa Cruz. La restauración la dirige el arquitecto Don José Manuel González Valcárcel y durante las obras se sacan a la luz las canterías y las piedras que hoy aparecen vistas, ya que originalmente estaban enfoscadas.

En todo el edificio aparecen elementos arquitectónicos y ornamentales de gran valor y belleza. Chimeneas de cantería bien labrada, escaleras de caracol, de las que hay tres y una de doble tramo: subida y bajada es independiente, hornacinas enmarcadas en piedra ... un conjunto que completa la sobriedad de la fábrica y el empaque de la misma, dándole un aire de gran casa, fácilmente habitable, con estancias apropiadas a la bóveda monacal, con un confort relativo, y sin lujo alguno.

Se instalan las celdas en la cuarta planta . Los servicios comunes y salas de reunión en la tercera y segunda en la que se reserva un número de habitaciones, para uso permanente de los Duques de San Carlos, acondicionadas y muy bien amuebladas, mereciendo especial atención el salón del balcón de esquina, en el que se conservan los retratos al óleo de los más importantes miembros de la familia Vargas-Carvajal.