Trujillo‎ > ‎Ciudad y Monumentos‎ > ‎

16 Convento de Jerónimas de Santa María

CONVENTO DE JERÓNIMAS DE SANTA MARÍA MAGDALENA 

       Situado en las inmediaciones de la iglesia parroquial de Santa María La Mayor, junto a las antiguas casas de Lorenzo Pizarro El Magnífico (palacio de Lorenzana), en un emplazamiento topográfico durante siglos fuertemente militarizado, el convento de Jerónimas de Santa María fue fundado sobre un antiguo solar de los Vargas, en tiempos de Isabel I de Castilla; soberana que promovió su construcción y benefició su posterior y necesario sustento con ciertas cantidades de maravedíes anuales que se libraban de los Bienes de Propio de la ciudad. 
       Su aspecto exterior sólido y hermético caracteriza toda la fábrica, muy austera por lo demás, siendo, junto al edificio conventual de San Pedro, el único de los cenobios trujillanos que no llegó a disponer de un claustro completo y desarrollado en sus cuatro lados. 
       La iglesia, embebida en la caja muraria del convento, es un templo ad aulam de finales del siglo XV, con cabecera hemipoligonal; cubierta con bóveda de crucería y dotada de un coro a los pies, repite el modelo gótico de otras iglesias de la ciudad como San Martín, San Pedro, San Miguel o San Francisco el Real de La Coria. 
       Durante el último cuarto del siglo XVI trabajó aquí, en ciertas obras de reparo, el célebre maestro de cantería Francisco Becerra, a quien debemos el hueco en esviaje de la antiportería. Asimismo a finales del siglo XVI pertenecen el conjunto de esgrafiados que adorna la planta baja. 

 
Geronimas

CONVENT OF SAINT MARY MAGDALENE OF THE ORDER OF ST. JEROME 

       Built near the parish church of Santa Maria la Mayor, above the ancestral home of the aristocratic Vargas family, the convent and its community were supported by Queen Isabella I of Castile. The convent church is a 15th century “ad aulam” temple with cross vaulting and a Gothic quire. 


 
Konvent der Heiligen Maria Magdalena (Orden Sankt Hieronymus)

    Dieser Konvent wurde in der Nähe der Kirche Santa María La Mayor und oberhalb der Residenz der adligen Familie Vargas erbaut. Finanziert wurde er und die zugehörige Gemeinde von der Königin Isabella I. von Kastilien. Die Konventskirche stammt aus dem 15. Jahrhundert und verfügt über ein gotisches Gewölbe, welches an andere Kirchen in Trujillo erinnert. Der Chor ist ebenfalls im gotischen Stil erbaut.





CONVENTO DE SANTA MARIA (RVDAS MADRES JERONIMAS)



Tal y como ocurrió en un principio en la Orden Jerónima, en Trujillo se constituyen comunidades femeninas dedicadas al ascetismo y la oración a lo largo de los siglos XIII y XIV. Estas comunidades se reúnen en beaterios, y de los tres existentes en Trujillo en el siglo XV, uno es de la Concepción Jerónima, que tendrá su  sede en lo que luego será Convento, en la Plazuela de los Moritos.

En sus orígenes esta Comunidad religiosa adquiere gran importancia por el número de monjas que la componían y a lo largo de los siglos, goza de innumerables favores por parte de La Corona para el sustento y apoyo en la reconstrucción o remodelaciones sucesivas de edificio, hallándose en el archivo municipal de Trujillo gran cantidad de Provisiones Reales que atestiguan tales donativos:40 fanegas de trigo  en 1528, 30000 maravedíes en 1530,20 ducados para hacer un dormitorio en 1533, y el más importante, la renta fija que en 1478 extienden los Reyes Católicos en favor del Convento por una cuantía de 3000 maravedíes al año “sobre las alcabalas judías y cristianas de la ciudad” privilegio que se mantiene y hace efectivo hasta el año 1802. 

Los orígenes del edificio, asentado sobre posibles restos de edificaciones árabes, pueden datarse en los siglos XIV y XV. De él se conservan en el origen la Iglesia y la torre defensa , conocida como < Mirador de las Jerónimas > , y el resto del Convento , ahora transformado en complejo de edificaciones , permanecen los arcos originales en la sala de refectorio y el resto de las nervaduras que hacen el apoyo de los muros principales del edificio . 

Tiene tres plantas y la originalmente conservada es la primera , donde se encuentran los servicios de comedores y cocinas , así como las estancias que dan acceso a las huertas y demás edificios colindantes , en ocasiones pertenecientes al Convento y en otras , edificios vecinos como el Palacio Vargas-Carvajal , del que solo queda una media fachada , de hermosas ventanas góticas y portadas cegadas , coronada por los escudos de la familia , probablemente los más antiguos de los existentes en Trujillo , junto con los que aparecen sobre las ventanas del referido Mirador , lo que nos lleva a la conclusión de que la torre perteneció originalmente al Palacio y luego fue utilizado como parte del Convento . 

En la primera planta que estudiamos , se observa cómo se ha procedido a la elevación de la misma sobre la roca desnuda que sirve de cimentación al edificio. Hay en ella numerosos detalles y elementos arquitectónicos de gran belleza: hornacinas talladas en la piedra y orladas por finos trabajos de cantería, repisas y aguaderas asimismo de piedra y primorosas nervaduras de bóvedas y arranques de arcos que aún permanecen fuera, a pesar de las sucesivas capas de cal. Tiene esta primera planta 993,3 metros cuadrados construidos y de ellos, distribuidos en 9 estancias, dos son las que conserven el trazado original y el bovedaje. Las demás han sido modificadas con el paso del tiempo, teniendo retoques actuales. El refectorio tiene una puerta pequeña que da paso a la huerta, y en ella está en el suelo una piedra de 1,40 metros de alto por 60 cms. de ancho que tiene labrado el escudo de la Orden de la Merced. Pertenece esta piedra al púlpito que estuvo en el convento de la Merced, y que en 1829 fue llevado a la iglesia de las Jerónimas.

Desde el refectorio, rodeado de alacenas en sus paredes, se accede por una pequeña puerta, que sirve además de arranque en la escalera que sube al coro alto por el exterior, se pasa por este pequeño hueco a la Iglesia. Nada más entrar, a la derecha, hay una pequeña pila de agua, labrada en cantería, de tosca factura, y dentro ya nos encontramos con un templo de planta rectangular, de 14,5 metros de largo por 6,5 metros de ancho. El ábside, orientado al Este, como corresponden a todas las edificaciones cristianas de carácter medieval, tiene cinco paños, abriéndose los dos de la izquierda a través de sendos arcos formeros en capilla de enterramientos.

El primero de los arcos está adornado por cabezas de ángeles, muy bien esculpidos y se podrían atribuir a la escuela del maestro cantero Sancho de Cabrera, ya que de la misma traza son los que aparecen en los capiteles que soportan las columnas del salón principal del Palacio de Santa Marta, obra de Francisco Becerra, alumno del anterior maestro aludido. Sobre su intervención en la iglesia que describimos, aparece documentación expresa. Sabemos que trabajó en el Convento de la Concepción Jerónima, tal como apunta Carmelo Solís Rodríguez en su articulo “El arquitecto Francisco Becerra: su etapa extremeña” de 1973.

Se trata esta capilla de la de Pizarro-Vargas, pues tales son las armas que campean en lo alto del arco. Desde dicha capilla se accede a la sacristía, edificación adosada a la Iglesia probablemente a finales del siglo XIX y actualmente sin mobiliario y abandonada.

El siguiente arco está coronado por los escudos de Torres, Chaves y Bejaranos, siendo el diseño de la misma el habitual en los tiempos del Obispo placentino Ponce de León: columnas jónicas que soportan un frontón triangular partido en el que campean las armas de los calderones, allí enterrados. Una ventana da luz lateral a una capilla y con ello al templo y sobre la misma está la lápida: ESTA CAPILLA Y ENTIERRO ES DE DOÑA BEATRIZ PACHECO Y CHAVES, MUJER QUE FUE DE DON PEDRO DE ORELLANA, SEÑOR DE ORELLANA DE LA SIERRA”.

Está la estatua orante de Don Francisco Pizarro Vargas que muere en el año de 1569 con motivo de las guerras con Granada y se pasa al Protocolo de Pedro de Carmona su testamento después de acaecida ésta.

Hay otra estatua orante en Trujillo, de la misma factura, actitud y tamaño (1,35 metros de alto hasta la rodilla), en el cementerio de la ciudad y esta atribuida a Hernando Pizarro, hermano del conquistador Francisco y muerto en las mismas fechas que don Francisco Pizarro de Vargas.

La iglesia, como se ha descrito, carece de mobiliario. No hay retablos ni imágenes, excepto las descritas, que la adornen. Los retablos que pudiera haber tenido originalmente fueron quemados en 1809, y los restos de las imágenes han sido trasladados al Convento de San Carlos.

Cuando el Convento fue ocupado de nuevo tras las obras de la primera restauración, necesarias para su habitabilidad en 1826, el mobiliario de la iglesia se enriquece con las aportaciones que hacen las distintas comunidades de la Orden que van a vivir al mismo, al objeto de aumentar el número de religiosas que había sido reducido en todos los conventos tras la invasión francesa, quedándose, por ejemplo, en número de cuatro en Trujillo, y no pudiendo mantener sus respectivos lugares de residencia. La práctica totalidad de los objetos que quedan hoy, tras largos y numerosos avatares, están en el Convento de San Carlos.

El suelo de la iglesia también debió tener gran cantidad de losas sepulcrales, por las numerosas referencias testamentarias de los que solicitan ser allí enterrados y que se conservan en el Archivo Municipal, pero debieron ser también levantadas y los sepulcros han desaparecido en su totalidad, a excepción de los dos mencionados,Barrantes y Sedeño de Solís. En los años 1920, Don Fulgencio Fernández Cercas, sacerdote de Trujillo, procura el arreglo del suelo tal y como se ve hoy, y los restos de las monjas, que permanecieron durante mucho tiempo en la cripta aludida con anterioridad, fueron trasladados al Convento de San Carlos, al ser profanado 
violentamente el cementerio en el año 1986.

La tercera planta del edificio, de 437,50m.2 construidos, está dedicada casi toda ella a desvanes y lugares de almacenamiento, accediéndose por una escalera de caracol de madera, al campanario y al tejado del edificio.

De nuevo en la planta primera, en el patio de las cisternas que coronan el aljibe, probablemente de origen árabe, queda la boca de una de ellas, en la que aparece la inscripción:<<Estas cisternas se comenzaron y terminaron siendo priora la Señora Doña Ana Altamirano de Vargas. En el año de 1605>>. La otra boca de cisterna está en el centro del patio del Palacio. Desde este recinto se tiene acceso a la huerta y al cementerio de las monjas, hoy abandonado como se indicó anteriormente. 

En la huerta quedan una serie de edificaciones de servicios del convento: gallineros, cochineras, hornos, almacenes y secaderos y destaca de entre todas las edificaciones en una esquina, la impresionante torre denominada popularmente "Mirador de las Jerónimas". Se trata de una fábrica de carácter defensivo y muy sólida edificación, que recuerda en su hechura a las torres albarranas del castillo de la ciudad, como se sabe, fortaleza árabe fechada en los siglos IX y X. Nos sirve de referencia el saber el compuesto del material empleado para el mortero de edificación y el que haya permanecido en pie tras los terremotos sufridos por la ciudad en los años 1525 y 1755, para establecer ciertos paralelismos con el castillo y pudiera tratarse de otro baluarte defensivo de la ciudad árabe, máxime cuando tenía una torre semejante paralela, hoy derruida al haber sido horadada en su base para darle uso en la cimentación y se calló una noche del año1942.

La torre que permanece en pie originalmente, debió estar almenada y será en el siglo XV cuando se modifique su fisonomía exterior con la apertura de los ventanales, con vanos geminados, con arcos apuntados encuadrados, con alfiz con mainel de mármol en un caso y de granito en otro, y cuya utilidad viene justificada por el uso que los Vargas, a cuyo palacio estaba casi adosada, pudieron darle como lugar de estancias amplias e iluminadas, ya que el acceso a los pisos superiores está muy bien trazado a través de una escalera de tres tramos con barandilla de fábrica de ladrillo y argamasa de barro, de origen árabe.

Aún en el interior del complejo conventual, nos encontramos con sorpresas, de piezas atemporales en relación con los edificios, pero que ayudan a reafirmar la importancia histórica de Trujillo como solar sobre el que se asentaron todas las culturas conocidas en la Historia de España.

En la huerta hay, utilizado como pila de desechos, un enterramiento de piedra granítica, de, 1,80 metros de largo por 50 centímetros de alto. Tiene en su interior labrada la figura humana.
Se trata de un sarcófago altomedieval, comprendido entre los siglos V al XIII, aunque la ausencia de estudios sobre estas piezas impida afirmar con certeza a qué período pertenece ni a qué cultura, pero en base al lugar hallado y al entrono de las edificaciones, nos inclinamos por afirmar su carácter árabe, de la misma época de las construcciones de las que hay restos a su alrededor.