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15 Monasterio de San Francisco el Real de la Coria

MONASTERIO DE SAN FRANCISCO EL REAL DE LA CORIA 

       Situado en el costado septentrional de la alcazaba, junto a la puerta de Coria, una de las siete que facilitaban el acceso al recinto amurallado, el convento de freiras de San Francisco el Real fue fundado la segunda mitad del siglo XV, pertenciendo su iglesia —un templo ad aulam de hechura gótica— a la primera década del siglo XVI. El claustro fue levantado avanzada la segunda mitad del ´500, si bien en sus arcos segmento enjarjados y capiteles itálicos puede, todavía, adivinarse el influjo que en estas primeras arquitecturas claustrales castellano-extremeñas tuvieron el último gótico alemán y los iniciales repertorios decorativos italianos del Renacimiento. 
       En este convento profesaban las élites de la nobleza local, lo que le convirtió en uno de los más prósperos y florecientes de Trujillo. 
       En 1970 fue adquirido por don Xavier de Salas Bosch, que lo rehabilitó para establecer en él la sede de la fundación (1981) que lleva su nombre. Institución que dará continuidad hasta nuestros días a la labor de promoción y defensa del patrimonio, las artes y la cultura trujillana e hispanoamericana iniciada años antes por la Asociación de Amigos de Trujillo. 

 
La Coria


MONASTERY OF SAN FRANCISCO EL REAL DE LA CORIA 

       This monastery is known locally as La Coria because of its proximity to the medieval gate of the same name, one of seven entrances to the town. The community of nuns was founded in the second half of the 15th century, and the convent served the local nobility. Since 1981 it has been a centre for promoting the art and cultural heritage of Trujillo and Latin America. 


Kloster San Francisco El Real de la Coria

    Dieses Kloster ist wegen der Nähe zu dem mittelalterlichen Stadttor gleichen Namens unter dem Namen La Coria bekannt. Die Nonnengemeinde wurde in der zweiten Hälfte des 15. Jahrhunderts gegründet und diente dem ansässigen Adel. Seit 1981 dient es als Zentrum der Förderung von Kunst und kulturellem Erbe Trujillos und Lateinamerikas.


Francisco Sanz Fernández 
Doctor en Historia del Arte 
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Foto Chuty



EL CONVENTO DE SAN FRANCISCO EL REAL (FUNDACION “XAVIER DE SALAS”)


En Trujillo existieron desde épocas bajomedievales cinco conventos de mujeres dedicadas a la vida recogida y a la oración. Hay que precisar que unas tenían órdenes y otras eran simples mujeres piadosas que hacían vida en comunidad llamadas beatas; normalmente pasaron por las dos fases, surgieron como un grupo de mujeres de distintas condiciones sociales que vivían en una casa con el afán de practicar una vida más perfecta de prácticas piadosas y de ejercicios de virtudes y después terminaban adoptando una orden concreta convirtiéndose en religiosas.

Los conventos fueron: El beaterio de Santa María que existía ya en el último cuarto del siglo XV, primero surgió como beaterio junto a unas casas de la fortaleza en el palacio de Catalina Alvarez Altamirano al que se le agregarían posteriormente las casas de los Vargas e Hinojosas. 

Los Reyes Católicos les favorecieron en las alcabalas de Trujillo, pero a principios del siglo XVI vivieron con gran pobreza, el concejo acordó darles 20.000 maravedíes, tras realizar las religiosas una petición al concejo alegando que su edificio estaba en muy mal estado de conservación, a cambio ellas pedirían a Dios por los oficiales

El convento de San Miguel, situado extramuros ya en 1466 era de dominicas de la Tercera Orden
El convento de Santa Isabel, fundado por doña María y Juana Mexía, estaba formado por monjas de clausura, instaladas en un principio en las casas y edificios que fueron la sinanoga, tras la donación hecha por los Reyes Católicos en 1492. Después pasaron a unirse con las religiosas dominicas de la Tercera Orden en el convento de San Miguel

El convento de Santa Clara, aparece citado por primera vez a finales del siglo XV porque era uno de los conventos beneficiados por los Reyes Católicos en el barrio denominado de San Clemente, lugar en el que existiera también un edificio eclesial, reaprovechado por las religiosas como iglesia conventual San Francisco el Real de la Puerta de Coria fue quizá el beaterio más antiguo del que se tiene noticia documental en Trujillo y el más importante pues las mujeres de cuna noble querían ingresar en él. Su origen fueron unas beatas que se asentaron en unas casas cerca de la Puerta de Coria de donde tomaron su nombre. Vivían en la casas de Juana García, unas mujeres dedicadas a la oración y penitencia según las reglas de la Tercera Orden Franciscana, vivían en clausura.

Desde 1454 gozaron de privilegios concedidos por los reyes, como 1500 maravedíes situados en las alcabalas de los ganados vivos de la ciudad. Los monarcas católicos les favorecieron aún más con 6.000 maravedíes en las alcabalas de las carnicerías

En 1511 el concejo siguiendo una cédula real, le dieron una limosna para edificar una iglesia, con ella compraron la casa de García Pizarro para el edificio pero necesitaban aún más; por ello piden una limosna de “los propios”. El concejo contestó que tenía que consultar con el rey
Se trata de un importante conjunto de edificaciones, integrado en el conjunto histórico-artístico de la villa de Trujillo, protegido por declaración oficial de la Dirección General de Bellas Artes, y presentando el rasgo singular de integrarse en el recinto amurallado de la villa, al oeste

El convento de San Francisco "El Real", llamado de la Puerta de Coria, por su proximidad a una de las siete puertas que accedían a la Villa medieval de Trujillo, el arco o puerta desde donde partía el caminohacia la ciudad de Coria, de aquí su nombre, se fundó por disposición suprema, por lo que ha sido admirable la virtud que siempre en él ha resplandecido. Confirmase este aserto y se corrobora el precedente con una Real Cédula, que se hallaba en el archivo del Convento de San Pedro de la misma ciudad (perteneciente a la misma orden religiosa que habitó el Convento de La Coria), concedida por el rey Juan II, en Toro a 28 de junio de 1426, en favor de Inés de Cristo, Marina Herrera y demás beatas, en atención a los buenos servicios que los linajes a los que pertenecían la mayoría de las religiosas en él profesas, habían realizado a la Corona de España. Por tanto, existió con anterioridad a la fecha citada un beaterio en el lugar en que se emplazaría el edificio conventual desde junio de 1426. El rey envió al corregidor y demás ministros de la entonces Villa de Trujillo (erigida Ciudad desde 1432), para que no llevaran tributo alguno a las dichas beatas, por cuanto la información que precedió consta que su vida es la más honesta, virtuosa y solo dedicada a servir a DiosLa citada beata Inés de Cristo, era hija de don Gómez González de Carvajal, Alcaide de Trujillo (encontramos referencias documentales, Gómez González de Carvajal, en 20 de octubre de 1440, recibe una carta del rey por la que se retiraba el homenaje que había hecho al Condestable. La tenía en nombre del rey desde que se apoderó de la villa quitándosela a los infantes de Aragón además, hermano de Inés de Cristo era el Arcediano de la Catedral de Coria don Diego de Carvajal, que ayudó a la realización de los planes de su hermana. En el claustro primitivo del convento aún se conserva el escudo de armas del citado Arcediano de Coria lo que fuera claustro primitivo del convento. Siendo muy estrecha en esos tiempos la relación entre el convento de San Francisco "El Real" y la población cacereña de Coria. Esta familia tenía también vínculos con los Pizarro, don Gómez González fue hermano de Sevilla López Carvajal, mujer de Diego Hernández Pizarro, el prohombre de su linaje. Así nos podemos explicar que doña Beatriz Pizarro de Hinojosa, nieta de Diego y Sevilla, fuera freiladel Convento de la Coria. Detrás del presbiterio, en el ábside o testero de la iglesia, está la gran sala capitular de nueve arcos distendidos, sobre ella el refectorio y bajo ella el de profundis donde yace la freila Beatriz Pizarro. 

Este edificio conventual tiene mucho que ver con la gestación del más insigne conquistador español en el Nuevo Mundo, Francisco Pizarro. Francisca González, madre del citado conquistador, era criada de Beatriz Pizarro en este convento, hermana de Hernando Alonso Pizarro, el abuelo del conquistadorlimitada para salir a la calle, los Pizarro conocían a la familia de Francisca, ya que era el único puente entre la familia Pizarro y la freila don Gonzalo Pizarro a Francisca González, fruto de este encuentro nació el hijo bastardo Francisco Pizarro hacia el año 1478 ("La cibdad de Truxillo donde soy yo natural e lo fueron mis padres e avuelos"), según el Testamento de Francisco Pizarro en 1537. Esta es la estrecha vinculación entre la noble familia de los Pizarro y el Convento de La Coria. La ciudad de Trujillo es ilustre tanto por la célebre nobleza de la sangre como por la de los linajes, tal es el caso del linaje Pizarro, destacadísimos varones.

El Convento de La Coria creció en estima a lo largo de la Baja Edad Media, en él profesaron damas principales pertenecientes a las familias más nobles de Trujillo y otros lugares. Aún se conservan los Libros de Profesiones del Convento desde 1551, donde podemos observar la alcurnia de los linajes a los que pertenecían la mayoría de las religiosas del Convento, para darnos una idea del enorme prestigio que tenía.El edificio tiene una superficie de 1589 metros cuadrados y 70 centímetros. En la actualidad se conserva la caja de muros góticos, preservándose aún los elementos característicos de este estilo, gracias a la exhaustiva y esmerada restauración llevada a cabo por la familia Salas, como son los arcos conopiales y los bezantes de la época de los Reyes Católicos, obra del arquitecto real Alfonso de la Cámara, que hacen juego con la constante ornamentación del cordón franciscano labrado en piedra.
La iglesia conventual, situada al lado Este del Claustro, tiene nave única de dos tramos y ábside ochavado. Conserva las ménsulas y arranques de los nervios de las bóvedas de crucería que lo cubrían y 
doble coro monjil de bella factura ojival. Es importante destacar toda clase de seres fantásticos y grotescos esculpidos en las basas y capiteles de las columnas existentes en el coro bajo, que se conocen como gryllas góticas o monstruos definidos por combinaciones de cabezas, lo que es una originalidad más del edificio al encontrarse solamente en este edificio esculpidas en piedra y siendo frecuente su aparición en las sillerías de coro góticas españolas. La recurrencia a tales mecanismos psicológicos por parte de la Iglesia quiere decir que una de las funciones de lo fantástico medieval está vinculada a la propaganda, docencia y conminación. Por tanto, este edificio es un monumento simbólico.Encontramos algunas referencias documentales sobre la existencia de bienes muebles en el Convento, en el folio 32 del Protocolo del escribano Pedro Rodas Serrano, el 8 de mayo de 1738: "Andrés de San Juan, maestro dorador, vecino de Truxillo, que tiene tratado y ajustado con la Señora Abadesa del Convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria el dorar, por precio de cinco mil y quinientos reales, el Sagrario y el Tabernáculo del Altar Mayor de la Iglesia con la cortina de talla que remata el retablo y el marco del frontal del dicho Altar. El fiador fue Bartolomé Jerez, maestro entallador de Truxillo mismo retablo que Antonio Ponz vio, cuando visitó nuestra ciudad en 1782, y tiene recogido en su Viaje a Extremadura: "Cerca de la dicha iglesia (de Santa María la Mayor) está la de Religiosas nobles, llamadas de Coria. El altar de frente la puerta con quatro columnas corintias, y la estatua de Santa Ana en él me parecieron cosa buena, como también en el lado opuesto otro de columnas dóricas con varios baxos relieves de la vida de S. Juap Bautista, y en medio la Imagen de Nuestra Sefíora. El altar mayores un auténtico artificio uno de los mayores disparates de Truxillo. En la sacristía se conserva todavía el Tabernáculo del antiguo, y por él se conoce quantas ventajas llevaba al actual".Por medio del Libro de Cuentas del Convento de la Coria, comprendido entre los años 1789-14835, podemos hacemos una clara idea del aspecto que podría tener la iglesia y coros- alto y bajo- del referido convento, así como de los bienes muebles que tenía en estos años finales del siglo XVIII y principios del siguiente, hasta la exclaustración

La iglesia conventual y los coros récibíeron una amplia renovación en abril de 1789 entrada de luz al interior como se observa actualmente, y ábside ochavado, en donde había un gran retablo con la imagen de Ntra. Sra. de la Asunciónmayor, en el muro de la Epístola, estaba el altar de las Mercedes, con imagen de Ntra. Sra. de las Mercedes, y relieves alusivos a la vida de San Juan Bautista. En el muro del Evangelio, el púlpito y otro retablo con las imagénes de Santa Ana y un Niño Jesús lateral, de los santos Fabián y Sebastián. En la entrada del coro bajo había una imagen de la Virgen. El coro bajo, estaba cubierto con esteras finas, al igual que la iglesia, lo cual era muy normal ya que hasta hace poco tiempo las religiosas se sentaban en el suelo para la oración y los rezos. 
En el coro bajo hubo una imagen de Ntra. Rematando el edificio hay una espadaña para dos campanas. Hasta 1796 tenía solamente un vano para una campana, en dicha fecha se amplió a base de una pobre construcción de ladrillo para dos campanas Pasando el muro del Evangelio llegamos al claustro que dispone de dos plantas, constituida la inferior por una galería de arcos carpaneles sobre columnas. En el centro del claustro hay una cisterna donde las religiosas recogían el agua de lluvia y otra localizada en el segundo claustro, junto al refectorio de profundis y la cocina, este fue el primitivo claustro, según consta en el inventario general del convento de 1753. El primitivo claustro fue más pequeño que el actual, construido en tiempos del Arcediano de Coria, don Diego de Carvajal, cuyo escudo aparece esculpido en un lienzo del muro, el cual cooperó mucho en la ampliación del monasterio. 

El refectorio de profundis, espacio o dependencia anterior al refectorio, pues antes de entrar al mismo se reunía toda la comunidad en este espacio y se rezaba el Salmo 129: “De profundis”, estaba en la actual sala del museo cuyos paneles exponen el antes y el después de las culturas maya y azteca, aquí tenían las religiosas ocho cuadros con la representación de varios santos, según consta en un Inventario de 1753. Al lado norte del claustro, existían importantes restos de la crujía de dormitorios, allí estaban las celdas de las monjas, que a partir de la restauración efectuada en el edificio en los años 70, se han intentado conservar los muros originales de cerramiento en toda su altura de tres plantas, las dos inferiores cubiertas originalmente por forjados de madera apoyados en arcos transversales, que en su mayoría han sido sustituidos por ser precario su estado de conservación algunos, por roturas, deformaciones o separación de apoyos en los muros. La última planta no conservaba restos de su cubrición. 

En abril de 1789, la iglesia conventual y los coros recibieron una amplia renovación según consta en los informes de fábrica que aún se conserva, estos trabajos ascendieron a la cantidad de seiscientos reales, cambiándose también las vidrieras que daban luz al interior del templo conventual, cada vidriera costó cincuenta y ocho reales. Encontramos algunas referencias documentales sobre la existencia de bienes muebles en el convento, en el folio 32 del Protocolo del escribano Pedro Rodas Serrano, el 8 de mayo de 1738: "Andrés de San Juan, maestro dorador, vecino de Truxillo, que tiene tratado y ajustado con la Señora Abadesa del convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria el dorar, por precio de cinco mil y quinientos reales, el Sagrario y el Tabernáculo del altar mayor de la iglesia con la cortina de talla que remata el retablo y el marco del frontal del dicho altar. El fiador fue Bartolomé Jerez, maestro entallador de Truxillo" Ponz vio cuando visitó Trujillo en 1782, y tiene recogido en su "Viaje a Extremadura": "Cerca de la iglesia de Santa María la Mayor está la de religiosas nobles, llamada de Coria. 

El altar de frente la puerta con quatro columnas corintias, y la estatua de Santa Ana en él me parecieron cosa buena, como también en el lado opuesto otro de columnas dóricas con varios baxos relieves de la vida de San Juan Bautista, y en medio la imagen de Ntra. Sra. En la sacristía se conserva aún el tabernáculo del antiguo, y por él se conoce cuántas ventajas llevaba al actual"El lado oeste del claustro, se presenta cerrado por una edificación de dos plantas, que en su estado original se cubría la planta baja con bóveda de ladrillo sobre machones, defectuosamente integrados con los elementos estructurales del claustro, conservándose aún la bóveda. Desde aquí se daba paso a una estancia, cubierta en la actualidad con artesonado de madera, se trata de la sala de labor del convento desde donde se divisa un magnífica vista del paisaje agreste extremeño y bajo el solar de esta estancia la bodega cubierta con bóveda de cañón. La planta superior no presentaba, antes de la restauración de 1970, restos de su primitiva cubrición. 

Este cuerpo se encuentra integrado en la línea del recinto amurallado de la ciudad, del que sobresale con un importante volumen. Su fachada norte presenta al exterior un pórtico con tres artísticas arquerías apuntadas, obra de los años finales del siglo XV, en las inmediaciones de la Puerta de Coria. La integración resultante en el conjunto del recinto amurallado, añade la importancia paisajística como nota de gran interés de conservación del edificio del convento, además de su propio valor intrínsecoSe debe de tratar del mismo retablo que Antonio El último cuerpo adosado al lado Sur del claustro, estaba dedicado a refectorio y acceso a la huerta donde cultivaban y tenían su cementerio particular. Las únicas puertas que comunicaban con el exterior eran la de la iglesia y la portada grande donde estaba el torno y una grada (donde había doce cuadros, según Inventario de 1753), con acceso a la huerta. En la planta baja se conserva el abovedamiento decorado a base de motivos vegetales al fresco, cubiertos para su protección con cal blanca.

Las dos plantas superiores, al inicio de la restauración, no conservaban ningún elemento de cubrición, apareciendo sus fábricas con daños importantes en algunos puntos, llevándose a cabo desde 1970 una efectiva restauración, utilizando los pisos inferiores para exposición didáctica del Museo de América. El primer piso como salón de congresos y dependencias interiores del edificio para distintos usos (reunión de actividades museísticas, actos culturales diversos, conferencias, reuniones de trabajos, cursos). El segundo piso como residencia de becarios y zona de archivo y biblioteca especializada en temas americanos y archivo documental extremeño, en una clara labor de difusión y conocimiento de los lazos históricos y culturales de Extremadura con Hispanoamérica. En el conjunto conventual destacamos el cuerpo auxiliar de servicio, situado en el conjunto norte del claustro, aún no consolidadas sus dependencias, con destino a apoyo al servicio de la residencia de becarios, así como almacén y recepción de material del Museo en sus tres espacios de la planta baja, y la reconstrucción de un volumen adosado a los pies del templo y atrio de acceso, de cuya existencia anterior quedan claras huellas en los muros existentes, dedicada a dignificar el aspecto externo del acceso principal desde el exterior a la Fundación, así como la dotación de servicios auxiliares.

El segundo período de la Edad Moderna es el resultado natural de los siglos anteriores. La horrible catástrofe de la Revolución Francesa fue el efecto de las propagandas protestantes y de falsa ilustración. Tras esta Revolución siguió la descristianización creciente en la sociedad y todo el conjunto de nuevos sistemas basados en el materialismo, positivismo y ateísmo. 

Aunque, no debemos olvidar que también tras el pontificado de Pío VII se produjo una intensa reacción en el seno de la Iglesia.La Revolución Francesa fue un acontecimiento de extraordinaria importancia que cambió el ser de la sociedad moderna, sobre todo las relaciones mutuas entre los diversos Estados, nobleza, clero y pueblo.En este convento vivieron las religiosas franciscanas hasta la entrada de las tropas napoleónicas en Trujillo el 19 de marzo de 1809, a pesar de que los vecinos habían cortado su paso por el Puente de Almaraz, los trujillanos abandonaron la ciudad ante la proximidad de la amenaza de las tropas francesas. Se refugiaron en casa de parientes y amigos hasta el año 1814, fecha en la cual se reunieron para hacer vida en común con las Jerónimas, en el Palacio de Luis de Chaves, pues el edificio de La Coria había quedado en penosas condiciones de habitabilidad, utilizándose incluso la huerta del convento como cementerio público reconstruyeron gran parte de lo arruinado y volvieron las religiosas a su convento. El 21 de agosto de 1819, unos días antes de su regreso a Trujillo, el obispo de Plasencia don Antonio Carrillo Mayoral envió a la Madre Abadesa y comunidad el siguiente mandato: “Señora Abadesa y Religiosas del Real Convento de la Coria: Hace mucho tiempo que deseo el que Vds. se trasladen a su convento, y que en el se guarde la clausura, se asista al coro y se observe la Santa Regla. Le prevengo que para el día ocho de septiembre, día de la Natividad de la Virgen, esten allí, ya en su convento, y que se celebre la fiesta de la Virgen en su iglesia; esto mismo encargo de nuevo a la comunidad, y en caso necesario se lo mando.

Se que todo lo que corresponde a la comodidad de las religiosas en sus habitaciones, y seguridad a la clausura, todo está concluido, y si faltase alguna pequeña cosa, se puede executar hasta el día de las Virgen. El concluir el retablo de la iglesia, esto se hace aunque Vds. vivan en el convento, y esto no me corre tanta prisa como el que la comunidad se traslade a su convento, en el que se observara en todo el métido, práctica, alimentos, rezo y asistencia al coro,que se observaba antes que Vds. se vieron en la precisión de dejar el convento.Espero que Vds. executaran quanto las prebengo y que reducidas a la clausura, podrán representarme lo que tengan conbeniente, para el mejor servicio en el Señor, y su bien estar. Deseo a todas Vds. la mejor salud. Fdo. En la casa de Campo de Plasencia, a 21 de agosto de 1819. Antonio, obispo de Plasencia. De este documento, obtenemos dos datos importantes, el regreso de las religiosas a su convento tras el beneplácito del Sr. Obispo de Plasencia (diócesis a la que pertenece eclesiásticamente Trujillo) y la construcción de un nuevo retablo en el siglo XIX, de trazas dieciochescas, en la iglesia conventual. Precisamente, por estas fechas el escultor y artífice de retablos Antonio Picazo ejecutó retablos similares en los conventos de San Miguel y San Pedro de Trujillo. Es muy probable que las religiosas encargaras a este maestro su retablo.El día 28 de septiembre del citado año, ya están las religiosas en su convento de La Coria, el obispo vuelva a escribir otra carta a la Madre Abadesa María Teresa de Herrera, dice así: “Señora Abadesa y religiosas del Real Convento de La Coria, sea Dios bendito que me concede el gusto de saber y ver que Vds. están ya en su antiguo convento. Conozco que en el día faltarán algunas cosas precisas para su comodidad, pero éstas se irán supliendo poco a poco, evitando en el día muchos gastos que se han hecho. Necesito saber a cuánto ascienden las rentas del convento, y cómo se halla de deudas y de dinero, igualmente deseo saber con cuánto se contribuía por el convento a cada una de las religiosas en el tiempo anterior a la revolución, con lo que se contribuirá en el día a cada una de las mismas religiosas, suspendiendo desde el día primero de octubre la Contribución de los seis mil reales anuales a cada una de ellas, y visto por mí el estado del convento y las circunstancias de los tiempos presentes, se pueda arreglar una cosa que sea útil a todas. Convengo en que se tomen dos criadas para la cocina y para los oficios de la comunidad, y otra para servir a las porteras.Aseguro a Vds. que miraré siempre por esa comunidad con el mismo afecto que las he manifestado, y que se irán arreglando todas las cosas al mejor estar de todas Vds. Doy a todas las religiosas mi santa Bendición, y pido al Señor las conceda una perfecta salud, de la que disfruta este su atento capellán.
Fdo: Antonio, obispo de Plasencia, 28 de septiembre de 1819

Pero no duraría mucho la tranquilidad de este convento, pues si en 1814 el rey anulaba la Constitución de Cádiz, volvía a imponer la del viejo Régimen, este ya no podría sobrevivir. En 1821 empieza el bienio Constitucional que decreta un nuevo cierre en los conventos y una segunda ruptura de la vida claustral. A pesar de que en 1823 le suceda la creación del absolutismo fernandista. Las heridas anteriores han profundizado, los políticos no saben hallar soluciones eficaces para rehacer la economía y saldar las deudas del Estado y entonces ven fácil la eliminación de los centro religiosos y la expropiación de las posesiones y comunidades religiosas, a las que llaman “manos muertas”, así se declara la guerra abierta a todo ello. Primero, con las matanzas de religiosos en las principales capitales de España, de cuyo testimonio nos facilitan datos importantes obras como las del Padre Buldu y Revuelta González. Con el decreto de 26 de marzo de 1834 se inicia el proceso de supresión de los conventos. en un momento delicado , pues por aquellos rneses tenía lugar el forcejeo entre la Santa Sede y el gobierno isabelino. No obstante, el pronuncio, Cardenal Tiberi, protestó contra estas medidas tan enérzicas, pero no encontró el respaldo suficiente. Algunos religiosos comenzaron a abandonar sus conventos. Incluso, por decreto de 22 de abril de 1834, se prohibía a todos los conventos admitir novicios para "allanar el camino de la planificación de las saludables y prudentes reformas del clero regular, que espero proporcionará el ilustrado celo de la Junta Eclesiástica" El 18 de agosto de 1835 se extendía este decreto a las novicias El día de Santiago de 1835, la reina gobernadora firmó en San Ildefonso el decreto de supresión de los conventos que no tuvieran doce religiosos profesos. Decreto que fue preparado por la Real Junta Eclesiástica, que ofreció una lista de los Conventos afectados por la supresión, tras haber recogido datos que había pedido a los superiores de las órdenes. 

El decreto que firmó la Reina en El Pardo el 1 1 de octubre de 1835, fue más enérgico, llevándose acabo una reducción más extensa de los conventos y monasterios. El primer monasterio cerrado por este decreto fue el de Santa María de la Huerta, en Soria, siguiéndole un gran número de conventos y monasterios. No podía Extremadura sustraerse a los ejemplos de insurrección de las regiones vecinas, y se formó una junta directiva de gobierno que, aunque no se destacó por sus lriciatias, decretó desde luego la exclaustración de lo los regulares el día 5 de septiembre. No se cometieron excesos contra frailes y monjas, pero tampoco hubo miramientos por parte de autoridades subalternas, que fueron celosísimas en su labor exclaustradora Guadalupe, el suntuoso de los cenobios extremeños, al que acompañaron en su e numerosos conventos de Cáceres y Badajoz, entre los que se incluyen de religiosas franciscanos de San Pedro y La Coria de Trujillo. Otros decretos de 1836-37, regularon la venta de los bienes eclesiásticos a través de los cuales, los progresistas intentaron recuperar dinero suficiente para alistar hasta cien mil hombres, crear un campesinado más o menos y adscrito al movimiento liberal y terminar así con el poder latifundista de la Iglesia. En realidad fue un fracaso, porque no consiguió la cantidad calculada al mal vender los bienes nacionales.En el año 1836 las monjas de los conventos de San Francisco el Real y de San Pedro de Trujillo, habiendo sido suprimidos sus conventos, fueron trasladadas al Convento de San lldefonso de Plasencia. las religiosas del Convento de San Pedro fallecieron en Plasencia, y las de la Coria regresaron a Trujillo el 30 de abril de 1851, para instalarse en el Convento de San Pedro, pues su antiguo edificio había quedado arruinado. Mientras tanto, el Estado subastaba los bienes de las religiosas del Convento de San Francisco El Real de la Puerta de Coria políticos de 1843 y el triunfo de los moderados interrumpirán este proceso de enajenaciones y cesiones gratuitas. La Real Orden de 26 de julio de 1844 suspendía la venta de bienes desamortizados y la del 3 de abril de1845 decretaba la devolución de los bienes eclesiásticos que no se hubieran vendido aú. No obstante, el 30 de octubre de 1849, se dirtaba una nueva orden por la que se determin la venta de conventos que no se utilizasen para el culto u otros fines públicos en atención al "estado de ruina en que se halla la mayor parte de los edificios-conventos que aún existen en administración (tal es el caso del Convento de San Francisco el Real de Trujillo) procedentes de las comunidades religiosas de ambos sexos". Las consecuencias de aquellas medidas en pro del patrimonio artístico no se harían esperar en Trujillo. En 1847, las religiosas de San Francisco el Real de Trujillo, desde el convento de Plasencia, obtienen permiso del Mnisterio de Gracia y Justicia para trasladarse desde Plasencia al convento de San Pedro de Trujillo, dado que el Convento de la Coria estaba en ruinas 30 de abril del afío 1851, fecha en la cual obtienen permiso del ayuntamiento de Trujillo. Por tanto, en Trujillo vivieron las religiosas del Convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria, desde 1819 hasta el año de la Exclaustración en 1836, que se marcharon al convento de Ildefonsas de Plasencia, abandonando por completo el edificio de Trujillo que con el tiempo se fue arruinando poco a poco, incluso en el año 1837, se empleraron gran parte de sus materiales pétreos para la reparación del castillo. El abandono del edificio provocó su ruina en gran parte de la fábrica. Tal era la alarmante situción del cenobio que en el año 1861 los vecinos llegaron a protestar ante el ayuntamiento solicitando indemnización por los perjuicios causados en sus casas al desplomarse gran parte del convento. El consiguiente abandono del edificio por la comunidad religiosa franciscana que se trasladó al convento de San Pedro de Trujillo y la ruina del mismo en el transcurso de los años, dando cobijo durante varios años a varias familias que pasando penurias se alojaron en las dependencias inferiores del mismo, se deriva el conocimiento del alarmante estado de conservación de algunas zonas puntuales del edificio cuando la familia. Salas se hicieron cargo del mismo y llevaron a cabo un urgente proceso de consolidación, en el mismo proyecto de restauración y consolidación del recinto amurallado de Trujillo, llevado a cabo para la Dirección General de Bellas Artes desde 1970. Se consolidó el muro exterior que presentaba tramos en muy mal estado, se reconstruyeron algunos lienzos del cuerpo saliente exterior, cuyo papel de contrafuertes en su conexión con la línea de muralla en la que se sustenta el convento veía disminuido por haber desaparecido los tramos superiores de contacto entre ambos muros; se limpió el entorno del cuerpo saliente, recuperando el aspecto y proporción original de los arcos apuntados existentes en la base de su fachada norte.Posteriormente se han venido realizando trabajos puntuales 
de consolidación de muros verticales, cerramiento de huecos en los muros interiores, consolidando su estabilidad, demolición de tramos de cerramientos del claustro, liberando las arquerías primitivas (del primitivo claustro del siglo XV) y las arquerías del siglo XVI, fruto de la ampliación llevada a cabo.

La restauración llevada a cabo en los años 70 iba dirigida a un programa general de actuación de la Fundación para la gestión interna de sus actividades, enfocadas a una función cultural de recogida y difusión de materiales y documentos en el estrecho lazo existente entre Extremadura y América. Actividades de difusión y conocimiento del patrimonio cultural extremeño a través de actividades museísticas, y actos culturales diversos (congresos, cursos, etc.). Estableciéndose una zonificación de locales, teniendo en cuenta ya las características y posibilidades de relación de los distintos espacios existentes en el conjunto conventual, de cara a la realización de esas actividades, y llevando a cabo una ardua labor de consolidación y rehabilitación de los elementos constructivos delprimigenio convento.
El edificio adquirido por la familia Salas en 1969, fue donado a la Fundación "Xavier de Salas" por sus fundadores el matrimonio formado por Xavier y Carmen de Salas. Hoy día, felizmente restaurado gracias a la iniciativa de los fundadores citados y con ayuda de algunas instituciones y particulares como la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, Word Monument Fund, Mr. Dikerman, Comité Conjunto Hispanonorteamericano para la Cooperación Cultural y Científica, Kress Foundation, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Centro de Iniciativas Turísticas y los Amigos de Trujillo, es sede de la Fundación "Xavier de Salas", el único centro cultural existente en Trujillo con verdadera identidad y categoría mundial. Lugar de encuentros culturales, sede de congresos y exposiciones, cumpliendo así la Fundación uno de sus objetivos primordiales: la difusión de las relaciones históricas entre Extremadura y América. Objetivo de estudio puesto al alcance de todos. 

Posee en sus instalaciones el único Museo Didáctico a nivel nacional sobre la Historia de América abierto al público. Todo el esfuerzo llevado a cabo por la familia Salas recibió el PREMIO EUROPA PARA LA PROTECCION DE MONUMENTOS HISTORICOS, el 28 de octubre de 1997. Este galardón lo concede anualmente la Fundación Alfred Toepfer de Hamburgo, y supone el reconocimiento internacional para la rehabilitación del Convento de la Coria, además fue un motivo de satisfacción que el jurado al mismo tiempo adjudicara a la ciudad de Trujillo un diploma en reconocimiento de la labor que ella también ha realizado para la protección de su patrimonio.