14 - Oración en el Huerto

Oración en el Huerto

    Junto a Fernando Gallego está los colaboradores de su taller, y su posible pariente Francisco Gallego, que nos plasma en el retablo de Santa María, la Pasión y Muerte de Cristo con un sentido de la caricaturización mayor que el de su maestro, dando paso a unos personajes rechonchos, un tanto panzudos, de rostros anchos y mofletudos. Se caracteriza este pintor en esencia por la profusión de figuras con variadas posturas y gestos. 
    Se destacan en los rostros de Francisco una nariz larga y unos ojos vivos el pelo y la barba que los enmarca no tienen la delicadeza de las cabezas majestuosas de Fernando. Los peinados son ahora más bastos y apelmazados, con menor interés por el virtuosismo. En cuanto al paisaje, la rocas son menos angulosas y acartonadas que las fernandinas. Pero, el gusto por lo anecdótico se conserva todavía en algunos detalles. 
    El artista expresa una atmósfera a base de individualizar los elementos que componen la escena hasta el punto de comprometer la unidad del conjunto. El conjunto, la escena, está llevada de unidad compositiva habiendo tres grupos de figuras: el populacho con la figura de Judas; tres apóstoles, dos están dormidos y el tercero advierte la presencia de la muchedumbre y Cristo ante el Ángel que le muestra el Cáliz. Este momento de la oración está tratado por el artista con un exquisito rigor compositivo, orientado hacia lo alto en formas, gestos y miradas. La escena está inundada de paz serenidad y calma, quedando marcadas por el Ángel y la figura de Cristo de apolínea bellezas, cuya cabeza se alza, elevando los ojos hacia el cáliz que ya ha sido aceptado. La escenografía del monte ayuda también a separar las figuras. 
    Dispone el escenario según las leyes de la perspectiva, pero renuncia a proporcionar adecuadamente a los personajes según su colocación en el espacio. Los aísla, tanto sentimental como físicamente, dejando grandes vacíos entre ellos. También sentimos la tensión que resulta de choque de la plasticidad de la figuras con el patrón lineal de la superficie. Estos contrastes también alcanzan al tratamiento lumínico y al color, estamos ante una unidad, durante un momento el tiempo se ha detenido y en esa suspensión fluye libremente un profundo sentimiento religioso. La individualización de multitudes es norma muy aplicada en algunos artistas que sacrifican el ambiente por la ilustración excesiva de las escenas.

foto Chuty.net