16 - Subida al Calvario



    Sobre un escenario de reducidas dimensiones se desarrolla este drama de la Pasión. Agrupado a ambos lados del camino, formando un compacto cortejo, lleno de anécdotas, que discurre en paralelo por el primer plano de esta composición; lo encabezan los ladrones, maniatados a la espalda, y los siguen las curiosas gentes del pueblo, soldados armados con picas y principales a caballo. El populacho gesticulante se mofa de Jesús que va cargado con la cruz de su suplicio, ayudado por el cireneo. El punto central de esta apiñada marcha, lo forma la figura de Cristo, con expresión lánguida y trivial, que vuelve los ojos hacia el espectador. Su rostro refleja la angustia y su cuerpo se inclina hacia adelante. Cristo permanece inmóvil, mientras el cortejo se agita. El paisaje del fondo, convencional, se pierde en tonos verde y azules. Destacan algunos árboles, que escalonan los términos espaciales; en último término, una ciudad amurallada, evocando a Jerusalén, se alza sobre una colina. 
    La escena no se limita a una descripción más del acontecimiento histórico, sino que encierra un significado que transciende que la mera representación piadosa de un episodio que ha inspirado tantas obras artísticas. 
    No es seguro que Francisco Gallego utilizase estampas de Schongauer. Su relación con el arte alemán deriva de las notas estilísticas que le llegara de su maestro Fernando Gallego o de la análoga actitud artística, al buscar como ideal lo característico y expresivo y extraer de cada fisonomía todas los posibilidades de drama. Para conseguirlo afila el mentón, tuerce los ojos y hunde las arrugas, dando lugar a rostros de intensa angustia, y pinta a los personajes secundarios con expresiones que se aproximan a la caricatura. 
    En esta obra están presentes notas características del pintor como es la búsqueda de la expresión de una sentimentalidad fuerte que a veces puede alcanzar el patetismo de Cristo con la cruz, y la tendencia a un naturalismo exacerbado que no se detiene ni siquiera ante la fealdad o la caricaturización de algunos de los personajes. Su pintura queda así definida no en relación con el mundo sensible sino con un modo de sentir. Busca conmover y tiene por fin provocar la reflexión moral dentro de un tono de exaltada sentimentalidad. 
    Esta obra es muy semejante a su homónima que se conserva en la Catedral de Salamanca. El artista ha contrapuesto a la perfección un primer plano reducido, en el que se desarrolla la escena, con múltiples personajes apiñados, para ofrecernos un amplio paisaje en un segundo plano, que se pierde en el fondo del cuadro. En las agrupaciones, la composición es a veces abarrotada. No plantea las escenas desde un espacio previo, sino que éste resulta del complejo de posiciones de los distintos personajes. Y así éstos se amontonan, se superponen, no hay amplias zonas de vacíos entre ellos, y la agobiante densidad de figuras crea el ambiente en que se desarrolla la escena. Consigue zonas de claridad, sobre todo en los primeros términos, por su predilección por las figuras de perfil, que se recortan con pureza.

foto Chuty.net